Las chicas Sugus – capítulo uno

Recuerdo cuando me enteré por primera vez de su existencia. Estaba en uno de mis laburos y alguien me comentó lo bueno que estaba y pensé: ‘ufff, antes de morir quiero acumular esa anécdota’.  Pero yo en ese entonces estaba de novia y claudiqué ante la idea.

Pasaron años hasta que un domingo previo al feriado del 12 de octubre me encontré presenciando el amanecer acompañada en medio del campo. Había logrado sumar esa anécdota a mi prontuario. “Bien Cienci”, me autofelicité.

Pero toda esa historia conserva un sabor semi amargo. Ese sabor que tanto detesto porque no entiendo si me encanta o me desagrada. Mis amigas nunca se enteraron que la noche previa a ese fin de semana me habían partido el corazón por enésima vez. Había llorado en un bar, se me había cerrado el estómago al punto de no poder comer lo que había pedido, y fue una de las tantas veces que pusimos punto final a una relación de la que ya no recordaba la última vez que me había hecho feliz.

Volví a casa hecha una tromba, decidida a que ese fin de semana cambiaría el rumbo de mi cabeza. El sábado a las 8am bajé corriendo de mi casa, con un bolso, la bolsa de dormir, un colchón inflable y las entradas. Llegaba la Srta. ‘Kamikazee’ con las balizas puestas, haciendo luces y la música al palo. Sin saberlo ese viaje sería nuestra iniciación de tantos otros.

Me subí, la abracé y antes de que pudiera arrancar saqué dos pelucas rosadas, una para ella y la otra para mí, mirándonos en el espejo nos las acomodamos y partimos rumbo al encuentro de las Srtas. ‘Del Oeste’, ‘¡Qué torrrnillo! y ‘Donde pongo el ojo’ (había otras 3 pelucas esperando por ellas).

Durante el viaje de a momentos lograba olvidar que seguramente ‘había otra’ pero que el muy cagón prefería decir ‘no sé qué me pasa’. Queridos lectores: Parafinas Doradas ya empapeló la ciudad diciendo ‘El Amor es todo menos duda’, háganle caso.

El viaje en ruta, o road trip que suena mucho más marketinero, fue espectacular: cada una contó sus calamidades (jaaaa), compartió sus relaciones frustradas, sus vínculos nocivos, parecía un diván de psicólogo con 4 ruedas y 5 pacientes JAJAJA Pero nos divertimos, nos interrumpíamos para acotar creyéndonos Gabriel Rolón, aportando observaciones o consejos que claramente la otra no haría en su perra vida.

Frenamos en una estación de servicio para almorzar, y absolutamente todas mantuvimos el personaje de las pelucas, por más que nos picara la cabeza a morir.

Le cambié a Kamikazee para manejar un rato. La ruta a esa altura de Entre Ríos era doble carril, con lo cual íbamos muy relajadas, escuchando música y coreografiándola de la cintura para arriba. Mientras esto sucedía percibí que hacía un rato el auto de al lado iba exactamente a la par nuestra. Me pareció raro y aminoré la marcha para dejarlo pasar, pero respondió aminorando la marcha también. Sin quitar los ojos de la ruta, les comenté a mis amigas: che, me parece que los de al lado nos quieren decir algo. Bastó que dijera eso que las otras 4 se estamparon contra el vidrio cual insecto de ruta.

Ellos eran 4 muchachos, y nos hacían gestos de que bajáramos la ventanilla, yo creo que no sólo activé los limpia parabrisas, sino que también abrí el capot en el intento de bajar la put@ ventanilla. Terminamos, a falta de 1, con las 4 ventanillas bajas por si había alguna duda de que realmente queríamos interactuar con ellos.

‘¿Están yendo a la Fiesta de Disfraces de Paraná?’

‘Siiiiii’ (Ese “sí” sonó a una desesperación tan profunda que fue casi un “sí” ahogado, sin olvidar que las pelucas estaban perdiendo los pelos rosados con el viento debido a tener las ventanillas bajas).

‘Pásenos su teléfono’, nos gritaron.

La Srta. ‘Del Oeste’ en un intento de parecer relajada les respondió ‘sí, claro. Dame un segundo que lo busco’.

¿EHHHHH? ¿BUSCARLO? Claaaaaro, pensé, esta ni se acuerda su número, con razón estamos todas solas, no hacemos una.

Anotá, le dice. Quince, …

Me resultaba familiar la combinación de números que concatenó…

Hiiiija de su madre. ¡Santa cachucha! ¡ERA MI NÚMERO, GENTE! La muy pizpireta buscó mi número y se los pasó a los del auto de al lado. BRILLANTEEEEE la jugada de la Srta. ‘Del Oeste’, tuve que felicitarla porque me pareció un movimiento digno del mundial de ajedrez (que ni sé si existe).

‘Del Oeste’, ‘¡Qué torrrnillo!’ y ‘Donde pongo el ojo’ habían sacado una habitación en un hotel de Paraná que parecía un convento venido a menos.

Yo había logrado un contacto con un amigo de un amigo que vivía en la ciudad de Santa Fe y que nos hospedaría gratis por ese fin de semana.  Así que nos dividimos y con la Srta ‘Kamikazee’ llegamos a la dirección en cuestión.

Había un muchacho en la misma cuadra lanzándole una pelotita a un perro que iba y venía. Con Kamikazee, sin bajarnos del auto y en silencio, asentimos con nuestras cabezas mirándolo. ¡Por favor, qué bien qué está! Ajammm…

Le mandé un whatsapp al amigo de mi amigo avisando que habíamos llegado. El muchacho del perro sacó el celular de su bolsillo y levantó la vista. Al vernos metidas en el auto nos saludó de lejos.

Upaaaaa, esto se iba a poner interesante.

Nos hizo pasar a la casa, nos indicó dónde estaba la cocina, el baño y lo que sería nuestro cuarto que en verdad era el garaje de la casa. Nos ubicamos ahí, desplegando colchones inflables y bolsas de dormir. Lo que sudé dándole al inflador hasta lograr que el colchón resistiera mi peso. En esos momentos es cuando me pregunto porqué no habré pagado un hotel como la gente normal, pero en eso apareció el dueño de casa apoyado en el marco de la puerta sonriendo y me dije: ¿quién necesita un colchón como la gente? Pffff… burgueses.

El portón del garaje conservaba un vidrio esmerilado anaranjado y por la rendija entraba un chiflete que a la noche se hacía sentir. La única manera de no padecer ese frío hubiera sido haciéndole cucharita a Kamikazee, pero nunca llegó a ser una opción porque ella no habría aceptado. Siempre me caractericé por ser la más cariñosa en todos mis grupos, soy una incomprendida.

El ‘amigo de mi amigo’ no podía ser un pibe más divino. De verdad lo digo eh, no es para venderles pescado podrido. El pibe era demasiado macanudo. Nos dio charla, nos contó de su Vida, se interesó por las nuestras, nos sugirió algunos lugares para visitar en la ciudad de Santa Fe. En fin, un excelente anfitrión. Con mi amiga nos pisábamos por debajo de la mesa porque no podíamos creer haber encontrado al hombre perfecto, para ambas y en simultáneo. Tremendo.

La primera noche recibimos una invitación para ir a comer un asado a una quinta de unos pampeanos. Era un pibe de tinder que había conocido una amiga de ‘Qué torrrnillo’ y que casualmente también había ido a la misma fiesta ese fin de semana.

Con Kamikazee estábamos dispuestas a quedarnos jugando a la canasta con tal de pasar más tiempo con el ‘amigo de mi amigo’, pero finalmente como buenas soltera optamos por ir al asado.

Después de un viaje de 1 hora el GPS nos indicó ‘has llegado a tu destino’. Estábamos en medio de la nada, frente a una tranquera. La oscuridad era profunda y no había señal. Con Kamikazee nos planteamos si había sido una buena idea ir. ¿Quiénes eran estos pibes? Ni idea, uno de tinder y amigos. Uffff, cómo es que uno toma decisiones con tan poca información ¿no? Sin embargo, cuando te querés comprar un lavarropas chequeas hasta las revoluciones por segundo.

Cuando estábamos por abortar la misión, apareció un muchacho del otro lado, nos abrió la tranquera y nos dijo: es acá, tranquilas. Entramos al campo y con los focos del auto, Kamikazee alumbró a un caballo que estaba pastando y más allá una vaca. Ambas nos tentamos maaal, lo cual denotó lo porteñas que somos.

Había pampeanos para todos los gustos: algunos con pinta de expertos asadores, otros más rusticones, algunos otros con maestrías en el uso de la faca, otros con pinta de terratenientes (ni idea qué significa, pero ustedes me entienden) y de repente había un par súper metrosexuales. O sea, cuando digo para todos los gustos lo digo en el sentido más amplio.

Cuando nos sumamos con Kamikazee a la ronda, empiezo a contar pibes: 1,2,3,4,5,6… ah, pero más allá hay más 15,16,17…Había más de 20 muchachos y nosotras éramos 7.  ¿Ubican la expresión ‘cazar dentro de un zoológico? Bueno, eso.

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