Lo más cerca que estuvimos Kamikazee y yo de agarrar algo, fueron los dedos con la puerta. Real. No comimos nada y no teníamos a quién echarle la culpa, todo mérito propio. Acá no llegó un contingente de rusas de 1 metro 80 de altura, ni llegó el equipo de beach volley femenino, no no. Al cerrar la tranquera luego de despedirnos de todos, emprendíamos el regreso a nuestro garaje/cuarto en silencio. Me decidí y lo dije: che, ¿qué onda? No tuvimos competencia de ningún tipo y sin embargo ¿qué hicimos mal? Kamikazee fue categórica: somos dos virgas, eso pasa.
Glup, tragué. Tenía razón.
El día siguiente era el de la fiesta y me llegó temprano un Whatsapp con una foto de un pibe con una máscara de Hulk diciendo ‘Hola’, uno de los chicos del auto de al lado. De repente de vivir en una vida sin opciones, estaban los pampeanos, el ‘amigo de mi amigo’ y Hulk. Pero a veces tener tantas opciones puede ser contraproducente (¡JA!).
Ese día nos la pasamos turisteando en la ciudad de Santa Fe junto con el ‘amigo de mi amigo’. Alquilamos unas bicis y recorrimos de punta a punta los atractivos turísticos (el que esté interesado en saber cuáles son NO me pregunte por inbox. Se los adelanto: la alfombra mágica, ese juego que subís 500 escalones y los bajas en una bolsa arpillera, y la calesita con sillas voladoras). Nos tomamos una foto con el cartel ‘Santa Fe’ al mejor estilo ‘Hollywood’ pero de bajo presupuesto. Si tengo que ser fiel a los acontecimientos, en verdad no había suficientes bicis y todo el paseo lo hice sentada en el manubrio mientras Kamikazee pedaleaba, rememoré los paseos adolescentes en donde el riesgo a una fractura expuesta era inminente.
Fue un día espectacular y se nos pasó volando el tiempo cuando de pronto le dije a Kamikazee ‘che, o volvemos a ducharnos y alistarnos o vamos a terminar llegando tarde a la fiesta’.
Habíamos tomado la decisión de que nos cambiaríamos en el convento venido a menos de las chicas, pero visto y considerando que el ‘amigo de mi amigo’ estaba en la cocina, ambas acabamos disfrazándonos, un poquitito de busconas claramente.
Apareció Kamikazee como Sugus de Ananá, con un escote ¡que Dios me libre! y la espalda descubierta, luego aparecí yo como de Sugus de Menta con un top que podía confundirse con una faja de compresión jaaaaaaaa en lo que no se veía nada más que los hombros, eso sí: la pollera corta para el infarto, ¿qué se pensaban que iba a ir de mojigata? ¡Pero por favor! Jaaa
El ‘amigo de mi amigo’ al vernos río y nos felicitó por la idea. Esa noche la palabra ‘minifalda’ cobró totalmente sentido, nunca se habían visto Sugus tan putones.
Cada una llevaba una bolsita con los sugus de su propio color y cartelitos de índole ‘¡qué caramelito! ‘se te cayó el papel’ y yo sostenía el que decía ‘el sugus que nadie quiere’ (porque convengamos que el de menta es el último que se elige).
La fiesta era en medio del campo literal, dado que la convocatoria año a año aumenta, tomó dimensiones de un tremendo fiestón con carpas con distinta música, bandas en vivo y con la mayor cantidad de baños químicos que puedan imaginarse.
Apenas entramos los 5 Sugus juntos (ananá, frutilla, verde manzana, naranja y menta) nos reunimos en círculo y dijimos: si nos perdemos el punto de encuentro es esa torre. Perfecto. Entendido.
‘Ok, quiero ir al baño’ dijo el Sugus Naranja.
‘Ok, vamos todas juntas así no nos perdemos’.
5 minutos después, nos encontrábamos los otros 4 Sugus esperando en la puerta de un baño químico y al abrirse salió una chica disfrazada de colegiala.
Huston, tenemos un problema. No habían pasado ni 10 minutos y ya habíamos perdido al primer Sugus.
Fuimos corriendo a la torre, y ella estaba paradita ahí, esperando por nosotras. Nos abrazamos con la Sugus Naranja como si hubiera sido un reencuentro en un aeropuerto después de años de no vernos. Claramente el alcohol estaba exacerbando nuestras emociones.
Al comenzar la fiesta me encaró un Jack Sparrow que todavía me pregunto por qué no le habré regalado unos besitos. Las Chicas Sugus bailamos toda la noche, pasamos por distintas carpas, hasta que nos quedamos en una que pasaba música entretenida. Mientras tirábamos pasos de minué, porque era tal la cantidad de gente que era imposible expresarse corporalmente más que acompañando el movimiento del resto, apareció un grupo de más de 20 porristas, rubias, con melenas hasta la cintura, tops y polleras más cortas que las nuestras: los pampeanos habían llegado.
¡¡¡¡¡Ehhhhhh!!!! ¿¿¿Todo bien??? Che, ¡¡¡qué buen disfraz!!! ¡¡¡El suyo también!!! Y así nos unimos en el baile.
Mientras repasé visualmente a la delegación de Sugus volvía a faltar el naranja, ¿será posible? ¿Dónde se había metido? Y fue como en las películas, pese a que la pista estaba estallada de gente, se veían claramente como iluminados exclusivamente por un foco, a la Sugus Naranja chapando a una de las porristas de peluca rubia. Uf, qué imagen fuertísima para esa hora y ese nivel de alcohol. Llorábamos de risa, cuando finalmente la Sugus Naranja decidió volver a la ronda.
Emmmmm, ¿cómo le explicábamos que el labial bordó que se había puesto esa noche había quedado desparramado por absolutamente toda su cara? Y lo peor era: ¿cómo lo solucionábamos? Ella reía mientras con pañuelitos intentábamos limpiarle la cara a medida que se lo esparcíamos aún más.
¡Quedaste divina, eh! A falta de espejos no se daría cuenta. El Sugus Naranja pasó a ser El Guasón en cuestión de segundos.
La noche fue un éxito, finalmente iba a poder decir ‘yo fui a esa fiesta’. Dejamos a las Sugus en su convento, al bajar una de las Sugus pidió sacar algo del baúl, la Sugus Azul le dio las llaves mientras la alarma de las luces encendidas con el motor apagado sonaba, así que las apagó.
Chau chau Suuuguss, ¡nos vemos en un par de horas!
Retomamos viaje a la ciudad de Santa Fe.
Cuando ya casi estábamos llegando al túnel subfluvial, nos cruzamos con un chico de unos 18 años que corría desesperado. La Sugus Azul aceleró, lo alcanzó y le dijo: subite. Yo no entendía nada.
El chico estaba escapando de un intento de robo, así que se subió y nos agradeció eternamente el gesto. Yo seguía sin entender nada. La Sugus Azul lo miró por el retrovisor y le dijo: ¿y vos de qué te disfrazaste? ¿De panda?
Emmm… no, de Breaking Bad.
‘Ahhhhh…. Ni idea’ respondió la Sugus Azul.
Yo cada vez entendía menos jaaaaja
En eso PÁCATE, control policial.
La Sugus Azul me miró y me dijo: tranquila, esta vez sí tengo todos los papeles. (#Contextualización. El último control policial que habíamos tenido hacía unos meses en el barrio porteño de Palermo, frente a la falta de un papel que nos pedía la agente de tránsito, Kamikazee usó la frase que nunca se debe usar ‘mirá que yo soy abogada’. Uhhhh ¿para qué? Tuve que bajarme yo, la ‘no abogada’ del grupo, a decirle: ‘perdonala a mi amiga, está muy nerviosa’).
‘Buen día, por favor registro, documento, seguro…’, nos dice la policía caminera de Entre Ríos.
La Sugus Azul le dio todos los papeles que le habían pedido, y orgullosa me miraba arqueando sus cejas.
La policía nos hace gestos para que avanzáramos haciéndonos a un lado de la fila de autos, se acercó a la ventanilla y sin pronunciar palabra nos dio un papel con una multa de $2700.-
Era momento para que cruzara un fardo por la ruta, mientras las dos estábamos intentando salir del estado de shock y el Panda desde el asiento de atrás sólo esbozó un ‘uhhh’.
Arrimó el auto, y se bajó. Yo desde adentro le grité: por favor no digas que sos abogada. Regresó abrió la puerta y se subió hecha una furia. ¿Entendés que nadie me da explicaciones? Sólo me dicen que me acerque a pagar. KIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII
Me bajé hecha una furia yo, y atrás ella de nuevo.
El Panda quedó dentro del auto.
‘Multa por circular con las luces apagadas en ruta’.
Uhhh, ¡cierto! Cierto que las apagó cuando le dio las llaves del auto a la otra Sugus, ¡pero fue un error!
En resumidas cuentas, yo terminé más sacada que la Sugus Azul diciendo: ¡VERGÜENZA LES DEBERÍA DAR, PORQUE SE SABE QUE LA POLICÍA DE ENTRE RÍOS ES COIMERA Y SÓLO BUSCAN RECAUDAR Y NO PREVENIR! ¿POR QUÉ NO SE PONEN A HACER TEST DE ALCOHOLEMIA EN VEZ DE MULTAR POR FALTA DE LUCES EN RUTA? (Cuando pronuncié ‘test de alcoholemia’ se escuchó un ‘cállenla urgente’ de otro vehículo detenido) ¡ENCIMA A LOS AUTOS QUE VIENEN CON FAMILIAS LES HACEN GESTOS PARA QUE PRENDAN LAS LUCES Y A NOSOTRAS POR ESTAR DISFRAZADAS MULTA!
La Sugus Azul se acercó tranquilizándome y se colocó en la fila para pagar junto a una caravana de gente disfrazada. Todos por no tener las luces prendidas.
Al final decidimos postergar el pago al regresar a Buenos Aires, y volvimos al auto con una calentura equivalente a la línea 60 en pleno verano. El Panda dormía en el asiento de atrás.
Una vez que nos deshicimos de El Panda y llegamos a la casa donde nos esperaba el garaje y los colchones inflables, empecé a buscar las llaves desesperadamente, pero no las tenía. En eso me acordé: le había pedido al ‘amigo de mi amigo’ que sostuviera las llaves cuando estábamos subiéndonos al auto y nunca me las había devuelto. NOOOOOOO PUEDE SER, ¡lloren conmigo lectoressss!
Nunca imaginé que esa fiesta que había añorado hacía un par de años, culminaría con Kamikazee de Sugus de Ananá y conmigo de Menta, a las 8am, despatarradas dentro del auto, con los asientos reclinados y las ventanillas bajas esperando que se hiciera un horario más coherente para molestar al dueño de casa.
Corrían las primeras horas de un lunes feriado de octubre y con el auto a pleno rayo del Sol, los dos Sugus nos empezamos a derretir: el maquillaje estaba completamente corrido, las pestañas postizas salidas y los zapatos embarrados como si hubiéramos ido a jugar un partido de fútbol a un potrero.
Si nuestra imagen hubiera sido exhibida en un concurso de fotografía el título habría sido ‘LA DEBACLE’, porque otro título no cabía para ese aventurado final de fiesta.
